En el año 2000, el 47 por ciento de la población vivía en las ciudades. En 2050, ese porcentaje se elevará hasta el 70 por ciento. Mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, por un lado, y la calidad ambiental, por otro, resumen las claves que abordan los proyectos de ciudades inteligentes que afrontarán en el medio plazo una presión demográfica que aconseja acelerar los procesos de modernización de los municipios.

“Una ciudad inteligente y sostenible es una ciudad innovadora que utiliza las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) y otros medios para mejorar la calidad de vida, la eficiencia de las operaciones, los servicios urbanos y la competitividad, asegurando que responda a las necesidades de las generaciones presentes y futuras respeto a aspectos económicos, sociales, ambientales y culturales”. Así define la Unión Internacional de Telecomunicaciones, organismo dependiente de Naciones Unidas, a una smart city.

“Una ciudad 4.0 persigue mejorar la calidad de vida de los ciudadanos y el desarrollo y responsable de los recursos y servicios de las ciudades”, según el estudio “Hacia la ciudad 4.0. Análisis y perspectivas de las Smart Cities españolas”, elaborado por KPMG.

  • Necesidad de un enfoque global de ciudad y una estrategia a largo plazo. El desarrollo de una ciudad inteligente afecta a todos los ámbitos, sectores y visión que puedan tener los diferentes agentes sobre su ciudad en el largo plazo, por lo que ha de abordarse con un enfoque integral y estratégico.
  • Eficiencia en la gestión y mejora de la calidad de vida. La gestión de los recursos  y servicios es clave para el desarrollo de ciudades inteligentes. El estudio destaca que éstos han de gestionarse “con diligencia para garantizar el correcto desarrollo sostenible y la mejora de la calidad de vida en las ciudades”.
  • Uso de las TIC como medio para alcanzar un fin.  El informe apuesta, asimismo, por el uso de las nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y de los datos de manera disruptiva de cara a “resolver los desafíos económicos, sociales y ambientales que se le presentan a la ciudad”.

Por otro lado, la Asociación Española de Normalización (AENOR) define a una smart city como “la visión holística de una ciudad que aplica las TIC para la mejora de la calidad de vida y la accesibilidad de sus habitantes y asegura un desarrollo sostenible económico, social y ambiental en mejora permanente”.

Según AENOR, la ciudad inteligente facilita “a los ciudadanos interactuar con ella de forma multidisciplinar y se adapta en tiempo real a sus necesidades, de forma eficiente en calidad y costes, ofreciendo datos abiertos, soluciones y servicios orientados a los ciudadanos como personas, para resolver los efectos del crecimiento de las ciudades, en ámbitos públicos y privados”, y lo hace a través de la integración de la  innovación en las infraestructuras y con el uso de sistemas de gestión inteligente.

Foto: Regiars

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