La productividad laboral global motivada por la revolución tecnológica se desaceleró en el periodo 2013-2016, con un crecimiento del 1,8 % frente al 2,6 % registrado en el periodo previo a la crisis (1996-2007), según un estudio de CaixaBank Research.

De acuerdo con el informe “Cambio tecnológico y productividad”, esta situación tiene un impacto directo sobre el bienestar de las personas, en tanto que repercute sobre sus salarios y condiciones de vida.

El estudio cifra en 8.400 dólares anuales (6.800 euros) la pérdida salarial de los trabajadores estadounidenses por la ralentización en 8 décimas del crecimiento de la productividad laboral.

Además, calcula que en la próxima década percibirán un 20 % menos a lo que recibirían de aumentar la productividad a los niveles previos a la recesión.

En España, sin embargo, el comportamiento cíclico del aumento de la productividad fue a la inversa, ya que aumentó mientras en otros países disminuía y creció en niveles cercanos al 1 % durante todo el periodo.

Para el director de Macroeconomía de Caixabank Research, Oriol Aspachs, no se trata de una buena noticia ya que surge por la dualidad del mercado laboral español, con trabajadores indefinidos más protegidos frente al despido que los temporales, lo que provocó que el ajuste se hiciera a través del factor trabajo.

A nivel global, la causa principal del menor crecimiento de la productividad es la incertidumbre causada por la crisis económica, que provocó una disminución de la inversión empresarial en nuevas tecnologías.

Para intentar atajar la desaceleración de la productividad laboral, Aspachs ha propuesto actuar sobre cuatro ámbitos: educación, otras inversiones, estructura productiva y difusión tecnológica.

A su juicio, esto implica adaptar el sistema educativo a las necesidades del mercado laboral, derivar la inversión a activos intangibles, así como fomentar los cambios en la estructura productiva y en la difusión de las nuevas tecnologías, para que sus beneficios lleguen a todas las empresas.

El informe constata que existe una dualidad entre un grupo de empresas muy productivas con elevada inversión en capital intangible, en tanto que hay otras con baja productividad y un gasto inferior.

El impacto en el empleo será positivo, gracias al mayor protagonismo de las nuevas profesiones derivadas de los cambios tecnológicos, que se traducirán en mejores oportunidades salariales.

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