Industria 4.0: ¿Y qué pasó con la 1, 2 y 3?

Desde que vivimos en un mundo cada vez más digital, tendemos a poner apellidos numéricos a los avances que se producen en nuestro alrededor. Siguiendo el ejemplo de los términos Web 2.0 y 3.0 que describían la posibilidad de interactuación de los usuarios y la web semántica y accesible desde cualquier dispositivo respectivamente, abusamos de este recurso. Ahora le toca el turno a la industria en un sentido transversal independientemente del sector.

Como ya vaticinó The Economist en su edición dedicada a la denominada Industria 4.0: “Mucha gente mirará a las fábricas del futuro y se estremecerá. No estarán llenas de máquinas mugrientas manejadas por trabajadores cubiertos de aceite. Muchas estarán impolutas y casi desérticas”.

Esta imagen puede parecer ciencia ficción, pero la realidad es que tiene mucho de cierto: una nueva generación de robots sustituirá a los humanos en labores más manuales. Esta robotización industrial de la producción se conoce como industria 4.0. Sistema organizado en base a una red intercomunicada de todos los elementos productivos, con análisis y procesamiento continuo de grandes volúmenes de información (Big Data), que permite gestionar en tiempo real los requerimientos del proceso para mejorar la eficiencia, el ahorro energético, la productividad y los recursos necesarios; así podríamos definir el concepto de industria 4.0. La idea que subyace es convertir a la fábrica en un centro inteligente digitalizado y automatizado.

 Industria 4.0 significa, por tanto, digitalización y automatización. Pero, ¿ello implica necesariamente la eliminación total de puestos de trabajo? La respuesta es no. En realidad supone la racionalización de recursos, al permitir, por ejemplo, que los trabajadores tengan más información para realizar y optimizar su trabajo o que se pueda trabajar colaborativamente con expertos que estén a distancia pero dotados con toda la información necesaria para la resolución de problemas o gestión de elementos productivos. En definitiva, el nuevo concepto de industria requerirá una nueva forma de trabajo y de organización del mismo, que seguramente obligará a repensar la estructura de las compañías.

Un brazo robótico que trabaja con gran precisión en las tres dimensiones y con aplicación para tres tipos de industrias (farmacéutica, química o automovilística); el humanoide workerbot3 que supervisa objetos y los recoloca si no se encuentran en el lugar adecuado gracias a sus brazos articulados y a su cámara estereoscópica; dispositivos de realidad virtual para recrear procesos de trabajo capacitando a los operarios hasta que están preparados, o que ofrece al trabajador una ayuda o instrucciones incluso remotas para realizar su trabajo; son algunos de los nuevos inventos para la industria 4.0.

 Por tanto, en este nuevo modelo juegan un papel fundamental las tecnologías disruptivas que actúan como facilitadores: robótica, impresión 3D, cloud, red eléctrica inteligente, Internet de las cosas, wearables, realidad aumentada, etc. Eso sin contar el famoso Big Data que al permitir analizar información, procesarla y aprender para predecir comportamientos, parece lógico pensar que la evolución de la industria 4.0 pasa por el mantenimiento predictivo, es decir, aplicar la analítica de toda la gran información almacenada y tratada a la prevención de incidencias y toma de decisiones.

¿Y dónde quedaron las industrias 1.0, 2.0 y 3.0? Pues asignadas a las diferentes revoluciones industriales basadas en la máquina de vapor (1.0), la producción en cadena (2.0) o a la automatización electrónica y la irrupción de las denominadas tecnologías de la información (3.0). Si cada uno de estos cambios industriales ha cambiado nuestro modelo económico, social y hasta político, ¿dónde está la ética, la filosofía y el humanismo 4.0?

@juanluismb

Juanluis.moreno@thevalley.es

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