¿Qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola?

En unos días se celebrará en Madrid la 37ª edición de ARCO, la Feria de Arte Contemporáneo con mayor afluencia del mundo, por delante de las de Art Miami y Art International Estambul, que este año espera alcanzar los 100.000 visitantes. ARCO es uno de los eventos culturales más importantes que tienen lugar en la capital con casi un centenar de actividades “satélite” de diferente naturaleza, que convierten a Madrid en un referente internacional del arte contemporáneo.

ARCO supone el 60% del total de las ventas anuales de las galerías del mercado de arte español Pero ARCO es mucho más que arte y cultura. Es un potente motor que impulsa la actividad económica madrileña, atrae turismo de calidad, incrementa la ocupación hotelera y potencia la hostelería y el comercio. La feria supone más de 100 millones de ingresos inducidos para Madrid.

A este impacto positivo en la ciudad, no son ajenas las otras cinco ferias de arte contemporáneo que se organizan simultáneamente: Drawing Room Madrid, JustMAD, ArtMadrid, Supersimétrica y Flecha. Así como el casi centenar de actividades y eventos previstos en nuestra región, que alcanzan otras ciudades españolas, como Santander, Pamplona y Lérida y que cuentan con el apoyo de más de treinta entidades de la iniciativa pública y privada.

¿Quién se lo iba a decir a aquella joven galerista, Juana de Aizpuru, que a raíz de su participación en ferias como las de Basilea, París o Polonia se le ocurrió la idea de crear una feria de arte contemporáneo en nuestro país? Juana fue una visionaria y rápidamente detectó una necesidad. “En España hacía falta una feria para que el arte español se subiera al carro de la internacionalidad”, explicaba en una entrevista en Vanity Fair. Fue entonces cuando elaboró un proyecto que primero rechazó Barcelona y poco después acogió Madrid bajo la presidencia de Ifema de Adrian Piera.

Los primeros años no fueron fáciles, se trataba de una “feria de galerías” en la que como afirmaba Juana de Aizpuru “se tardó en empezar a vender”. Una feria “más cultural que de mercado”, en la que se organizaban conferencias y actividades culturales, que coincidió con los años de la movida madrileña, y a la que la propia feria no fue ajena. De hecho, en esta edición hay un guiño a la movida en el encuentro “¿Qué tiene esta bola que a todo el mundo le mola?”, una frase de “La bola de cristal”, una de las canciones más reconocidas de Alaska y Dinarama, emblema del Madrid de los 80.

En estos momentos, y tras unos inicios complicados, la nave de ARCO navega con el viento a favor. Y, eso, en mi opinión, se debe en gran medida a que su director, Carlos Urroz, ha sabido coordinar y aunar con acierto las diferentes, y no siempre unánimes posturas. Ha sido capaz de formar un buen equipo y de dirigir todos los esfuerzos a consolidar la feria, atrayendo coleccionistas internacionales, e impulsando su expansión internacional con ARCO Lisboa, un proyecto incipiente pero ya exitoso.

Termino, animándoles a que se dejen llevar la próxima semana por esta explosión de arte contemporáneo y a que participen en alguna de las actividades que tendremos la oportunidad de vivir en Madrid: dense una vuelta por ARCO, y si pueden, también, por las otras ferias, merece la pena.

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