Las nuevas tecnologías están cambiando  la forma en que vivimos y trabajamos, y sus efectos afectan a la economía creativa: arte, periodismo, música… A medida que la inteligencia artificial (IA), la realidad aumentada, la realidad virtual (RV) y la cadena de bloques o blockchain siguen emergiendo como poderosas fuerzas, las empresas tratan de  obtener de ellas un mayor beneficio.

Un estudio realizado por McKinsey, denominado Disrupción creativa: el impacto de las tecnologías emergentes en la economía creativa, presenta precisamente los resultados de un proyecto conjunto, realizado por McKinsey & Company y el Foro Económico Mundial.  El equipo del proyecto realizó más de 50 entrevistas con expertos de Asia, Europa y América del Norte, así como tres talleres en China y Estados Unidos con los integrantes del Foro Económico Mundial.

¿Qué aporta la Inteligencia Artificial?

Según el informe,  la Inteligencia Artificial, por ejemplo, está ayudando a los creadores a unir el contenido de manera más efectiva con el público. Los algoritmos basados ​​en redes neuronales aprenden y clasifican las preferencias de un usuario: desde películas transmitidas en Netflix, música escuchada en Spotify o productos comprados en Amazon. Los proveedores pueden recomendar contenido adaptado a un usuario específico.

La IA ayuda a la producción en sí misma realizando tareas que son demasiado difíciles para los humanos. En publicidad, por ejemplo, se usa para contextualizar las conversaciones en los medios sociales para comprender cómo se sienten los consumidores con respecto a los productos y para detectar impresiones de anuncios fraudulentas. Los servicios como Amper o Jukedeck componen música con IA, lo que permite a los creadores a pequeña escala usar música de alta calidad para sus podcasts, videos y juegos, a bajo coste. El software de masterización automatizada, como Landr, proporciona procesamiento y procesamiento de calidad casi de estudio por entre  50 y 300 dólares al año.

En particular, la IA que genera texto está muy difundida en el periodismo y es utilizada por los editores para ampliar la gama de ofertas. The Associated Press ha utilizado la IA para liberar alrededor del 20 por ciento del tiempo de los reporteros y aumentar la producción diez veces. The Washington Post desarrolló su propia herramienta, Heliograf, para cubrir noticias deportivas y políticas. En su primer año, generó alrededor de 70 artículos al mes, en su mayoría historias a las que no habría dedicado personal.

Más disruptivamente, el aprendizaje automático ha comenzado a crear contenido original. Las implicaciones se han sentido en múltiples industrias. En música, la IA ha producido sonidos instrumentales que los humanos nunca han escuchado antes. El mismo equipo enseñó una red neuronal para dibujar bocetos de animales y objetos y generar imágenes sofisticadas de la fotografía. En la moda, los investigadores han generado nuevos diseños. Y en cine, se han escrito guiones completos para una película de ciencia ficción.

Otras tecnologías tienen el potencial de alterar la cadena de valor, aunque pasará tiempo hasta que se desarrolle plenamente. En particular, la realidad aumentada y virtual ofrece un medio completamente nuevo para que los creadores trabajen. Debido a que esta tecnología tiene el potencial de convertirse en la “envoltura” de todo el contenido, es probable que redefina las convenciones narrativas que existen desde hace décadas, según indica el citado estudio.

En la fase de monetización, blockchain tiene el potencial de cambiar el nivel de control que los artistas tienen sobre su trabajo. La tecnología podría permitir a los artistas programar sus derechos de propiedad intelectual, ingresos y regalías en contratos inteligentes. Al eliminar los intermediarios entre el artista y el consumidor, blockchain puede resolver problemas de dinero y datos en el contenido creativo, basándose precisamente en cuánto pagar a los artistas por el consumo real y eliminando la complejidad al pagarlos .

La tecnología también podría afectar los derechos de producción, la monetización de terceros y la transferencia de datos del trabajo creativo, lo que permite la reutilización de contenido creativo a la vez que salvaguarda la propiedad intelectual de los artistas.

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