Ingeniero de profesión e investigador de la felicidad por convicción, Mo Gawdat, uno de los más altos cargos de Google, ha reivindicado hoy en Madrid la necesidad de convertir la felicidad “en nuestra máxima prioridad”, tarea en la que es necesario “invertir” tiempo y así “aprender las habilidades necesarias” para ser feliz.

En una entrevista concedida a Efe con motivo de la publicación en España de su obra ‘El algoritmo de la felicidad’ (Zenith), cuyo objetivo es que diez millones de personas sean felices, Gawdat ha subrayado que no se trata “solo de un libro”, sino que es “un movimiento, una misión que, con suerte, podrá cambiar el mundo”.

“Una de cada cuatro personas en el mundo actual está clínicamente deprimida. No somos felices, necesitamos un cambio. Quiero que la gente convierta en prioridad no solo su felicidad, sino la de todo el mundo”, ha señalado.

Mo Gawdat: “la clave está en el ‘carpe diem’ y en no pensar en el pasado ni en el futuro”.

En el libro, el filántropo desarrolla su fórmula particular para llegar a la felicidad, la “6-7-5”, la cual consiste en “romper las seis grandes ilusiones” (la ilusión del pensamiento, del control, del tiempo…), en “superar los siete ángulos muertos” (predicciones, recuerdos, etiquetas…) y, por último, en “asimilar las cinco verdades” (el ahora, el amor, la muerte…).

Gawdat ha confesado que, para él, la “ilusión del control” fue durante años la causa principal de su infelicidad.

“Siempre he estado obsesionado con que las cosas saliesen exactamente como yo quería, y eso me hacía sufrir muchísimo. Hoy, en un 90% de los casos, ya no es así. Por ejemplo, cuando un avión se retrasa, ahora leo un libro, escribo o escucho música. El hecho, un vuelo saliendo tarde, es exactamente el mismo. Lo que cambia es la forma de afrontarlo”.

Su modelo, al que había llegado después de “más de veinte años” de investigaciones, fue puesto a prueba tras la muerte de su hijo Ali, que falleció debido a un error médico durante una operación cuando tenía 21 años. Gawdat ha recordado cómo tanto él como el resto de su familia tuvieron que decidir entre aceptar su muerte o vivir anclados al sufrimiento.

“No había nada que pudiese hacer para traerlo de vuelta. Podía pasarme veinte años en una cama, abrir los ojos y él seguiría sin estar ahí. Acepto ese hecho, no me gusta, pero lo acepto. Y trabajo, no para traerle de vuelta, sino para que mañana sea un día mejor que hoy. Si consigo que una sola persona sea feliz con este libro, entonces este mundo será mejor al que había cuando Ali se fue”, ha confesado.

Para el ingeniero, una de las claves está precisamente en “controlar” unos pensamientos que “no nos representan en absoluto” como seres humanos, y que son producto de un cerebro que es “simplemente una herramienta” de supervivencia más, como el corazón o los riñones.

“Nuestros pensamientos sólo sirven para que tomemos mejores decisiones. Sin embargo, está en la naturaleza humana convertir esos pensamientos en emociones, que nos afectan. Lo cierto es que podemos controlar nuestros pensamientos todos los días. Es una cuestión de elección. Si le decimos a nuestro cerebro que paren los pensamientos irracionales, si tenemos la determinación de ser felices, lo seremos”.

Asimismo, Gawdat ha subrayado que, a pesar de que el mundo es cada vez más complejo, la vida no es más difícil hoy que hace unos años. Para él, la clave está en el ‘carpe diem’ y en no pensar en el pasado ni en el futuro.

“La vida es como un videojuego, va de pasárselo bien, de afrontar nuevos retos cada día. Si no, sería realmente aburrida. Cuando ves la vida de este modo empiezas a plantearte qué puedes hacer ahora para que tu vida sea mejor ahora. Centrándote en eso, en el minuto a minuto, todo es mucho más simple”, ha afirmado.

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